Las tres “E”. Tercera Columna

Tercera columna de Sue Gere publicada en la Revista nº 5 por “El Musicógrafo”

Emotion, Energy, Entertainment

by Sue Gere

En principio podríamos dar por buena esa máxima del consumismo que afirma que díficilmente podríamos encontrar un producto que no se pudiera fabricar peor para poderlo vender más barato. Tampoco se echaría nadie las manos a la cabeza si dijera que, normalmente, un abaratamiento del coste pocas veces se refleja en el precio final para el consumidor, sinó más bien en los beneficios del vendedor.

Eso exactamente pasó a principios de los ’80 cuando Sony y Philips comercializaron el CD, en el principio del fin en lo que a venta de música se refiere.

Hoy en día tenemos claro que el sonido de un compact disc no supera al del disco de vinilo. De hecho, en mi opinión, un disco de vinilo de 180 gramos, bien cuidado y en un buen reproductor, todavía es imbatible en cuanto a calidad y calidez de sonido.

Si bien es cierto que en un CD muchas veces se aprecian mejor detalles que en otros formatos pueden quedar escondidos, eso no significa que esos detalles suenen “mejor”, y la resolución del CD como formato digital (16 bit, 44.1 KHz) está muy lejos de poderse comparar con un formato analógico.

En la fabricación tenía una ventaja el CD sobre el vinilo: Era más barato de fabricar, la producción era mucho menos costosa y el material más económico.

Eso podría haber favorecido la distribución de la música como expresión artística, sacrificando algo de calidad ¡Los consumidores podrían comprar los álbumes a poco más de la mitad de lo que costaba un vinilo! ¡Geniaaal geniaaahhh naaah nah… Sony y Philips decidieron poner el precio a practicamente el doble de lo que costaban los vinilos y los cassettes, y convirtieron la industria discográfica en la más rentable del momento en detrimento de la economia de aficionados y consumidores de música.

No se si vosotros creéis en el karma, yo no, pero si soy un entusiasta de la justicia poética. Lógicamente, en el momento en que la evolución de los ordenadores personales permitieron poder grabar datos en CD, el mismo formato que se comercializó para enriquecer a los peces gordos de las discográficas fue su ruina, y el declive de las ventas de discos fue prácticamente inmediato.

Sería un final feliz si no fuera porque los que han acabado pagando el pato, como siempre, son los artistas, ya que los ejecutivos discográficos emigraron a otros sectores en auge en ese momento (alguien ha hablado de inmobiliarias?), ya sabéis lo que se dice de las ratas y los barcos que se hunden…

En este momento la mayor parte de discos que se editan son autoproducciones de las propias bandas o pequeñas discográficas independientes y muchos están volviendo al vinilo, por tanto es el mejor momento para apoyar a los músicos que os gustan ya que no pagáis intermediarios. Tened también en cuenta que el peor formato actual en cuanto a calidad y fidelidad del sonido es el MP3, pasad de las descargas, disfrutaréis más de la música si la escucháis tal y como ha sido creada, sin “deshidratar” ni “desnatar”. Las patadas en los genitales tambien son gratuitas, pero a mí me apetecen lo mismo que escuchar uno de mis discos favoritos en MP3.