Las tres “E”. Quinta columna

Primera columna de Sue Gere publicada en la Revista nº 8 por “El Musicógrafo”

Emotion, Energy, Entertainment

by Sue Gere

Tenía ya ganas de escribir esta columna, por dos motivos principalmente: El primero es que los editores de la revista me van a matar por mi impuntualidad presentando mis lineas (…). El segundo es que no quería que quedara la sensación, después del artículo que le dediqué al “St. Anger” de Metallica, de que no me gusta el trabajo de Rick Rubin.

Para un servidor, Rubin es uno de los grandes de la producción en estos momentos y, aunque no me gusten todos sus trabajos, no queda duda de que sin su mano a los controles la música de las últimas décadas hubiera sonado muy diferente, y no creo estar exagerando.

Simplemente recordemos discos que han influido e incluso cambiado la dirección de los estilos musicales en los que se enmarcaban, el nombre de este tipo aparecerá en los créditos de un buen porcentaje: Beastie Boys “Licensed to ill”, Slayer “Reign in blood”, Danzig “Danzig”, The Red Hot Chilli Peppers “Blood sugar sex magic”, The Cult “Electric”, System of a Down “system of a down”, Tom Petty “Wildflowers”, Johnny Cash “American recordings”, y así podríamos seguir durante un rato… Cabe decir que entre los clientes de este hombre se encuentran también Metallica, Black Sabbath, Neil Diamond, Audioslave, Weezer, Aerosmith o RUN DMC entre otros, para dejar claro que el legado de Rubin no será moco de pavo.

¿Qué tiene este elemento para que todos los grandes quieran trabajar con él? ¿Cómo trabaja? La realidad es muy simple, Rick Rubin no tiene conocimientos técnicos de ingeniería de sonido, ni siquiera sabe como operar a fondo en una mesa de mezclas, su papel en una producción se limita a descalzarse, tumbarse en un sofá que hace instalar en el estudio, y ¡escuchar! Si algo tiene el bueno de Rick es un instinto brutal para discernir qué suena bien y que no. Tal como él mismo explicaba en una entrevista que leí años atrás, trabaja haciendo elecciones: No entiende de micrófonos, pero para elegir el que mejor le va a ir a una voz hace que su técnico le monte dos micros distintos y los etiqueta como “A” y “B”, los escucha y elige uno, instantes después hará otra comparación entre el micro elegido y otro, y así hasta llegar al que se va a usar en la grabación. De esta manera a veces llega a usar micrófonos o técnicas inauditos para la aplicación que les está dando, como por ejemplo usar unos Shure SM57 (habitualmente usados en amplificadores de guitarra) como micro principal del bombo de la batería del “Reign in blood” de Slayer y conseguir un sonido cortante que a día de hoy muchos imitan.

También es conocido por hacer “currar” mucho a las bandas y que se auto-exijan el máximo rendimiento, algunos de los que han trabajado con él han tenido que componer hasta cuarenta canciones para un disco donde sólo iban a aparecer diez. Los grupos le van pasando las maquetas de las canciones durante la preproducción y Rick decide las que son dignas de aparecer en el álbum y las que no, o si determinado tema puede mejorar cambiando alguna de sus partes, algo que podría sonar a explotación si no fuera por que él mismo se involucra en todo el proceso y trabaja como el que más, de hecho le gusta considerarse como otro miembro de la banda mientras dura toda la producción.

En cuanto al sonido que consigue es uno de los productores más honestos con la banda y con los fans. No usa muchos efectos ni edita las canciones más de lo estrictamente necesario, intenta grabar sólo una pista de cada instrumento, pero que esa sea la mejor toma que el músico haya grabado jamás. Busca que la banda explore su personalidad más distintiva y su esencia. Ese nivel de autenticidad es de agradecer hoy en día con el mercado plagado de música ultraprocesada y voces con autotune (herramienta de estudio que corrige las voces desafinadas) en que ya no sabes dónde acaba el talento del músico y empieza el trabajo de “laboratorio”…

Sirvan estas lineas pues para homenajear a uno de los tipos con mejor oído musical de la historia y, por suerte para nosotros, ¡aún en activo!